Saltar al contenido

Menú
MENUMENU
  • INICIO
  • Sobre Nosotros
    • Tomás Mingot
    • Programación General anual
      • Aspectos Generales PGA 24-25
      • Proyecto Educativo
      • Programaciones didácticas
    • Instalaciones
    • Contacto
    • Enlaces de Interés
      • En Français, SVP
      • La Ventana Azul
  • Temporización
    • Horarios del Centro
    • Calendario Escolar
  • Proyectos
    • Tirar de la Lengua
    • Almazuela 2.0.
    • #Covida
    • Centros hacia la sostenibilidad
    • Proyectos Internacionales
  • APLICACIONES
  • Familias
    • Oferta Educativa
    • Horario de atención a familias
    • Programa de colaboración con la EOI
    • Optatividad
      • ESO
      • Bachillerato
    • Orientación
      • Orienta Online
      • Blog El Orienta
    • Asociaciones de padres
      • AMPA Tomás Mingot
      • Facebook AMPA Tomás Mingot
      • Federación de AMPAS de la Rioja: FAPA
    • Programa de bilingüismo
Menú

DÍA DE LAS ESCRITORAS

Publicada el por

La Biblioteca Nacional de España, en colaboración con la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias (FEDEPE) y con la Asociación Clásicas y Modernas, celebran cada año, desde 2016, el Día de las Escritoras.

Se trata de reivindicar la labor y el legado literario de las mujeres, tantas veces relegadas a un segundo plano a lo largo de la historia.

En palabras de Ana Santos Aramburo, directora de la BNE entre 2013 y 2024, «recuperamos la palabra de mujeres escritoras que en sus textos reflejan sentimientos, búsquedas y luchas. Mujeres valientes cuya obra, en muchas ocasiones, ha sido ignorada. Rescatar hoy su voz es un acto de justicia y reconocimiento hacia todas ellas».

En este año 2026 celebramos el centenario de la fundación del Lyceum Club Femenino, por ello, y a modo de homenaje, los textos seleccionados son obra de socias del Lyceum Club, ese espacio propio que, casi 15 años antes que Virginia Woolf ya reivindicó María Lejárraga en sus Cartas a las mujeres de España: «Lo esencial es que tengáis un lugar vuestro».

Sus socias fueron pioneras en varios ámbitos, políticas, científicas, médicas, actrices, periodistas, compositoras o pedagogas, muchas de ellas feministas y adelantadas a su tiempo.

Christina Linares, comisaria de la XI edición del Día de las Escritoras.

 

 

 

Textos 2026

Discurso ante el Club de Mujeres de la Facultad de la Universidad de Puerto Rico el 29 de octubre de 1936

«[…]El Lyceum, nuestro Club de Mujeres, hacía quince años que mantenía una guardería para sesenta niños, el lugar más bello y mejor administrado que he visto en cualquier país. El Gobierno le donó a nuestro Club un terreno en el medio de los jardines del Acueducto, un arquitecto nos prestó sus servicios, los miembros del Departamento Social del Lyceum trabajaron con entusiasmo y de ello resultó un bungalow encantador en un sitio céntrico con sombra, aunque algo aislado de la ciudad. Allí teníamos muchos baños y lavamanos adecuados para niños de cuatro a seis años y mucha agua corriente. Para los días calurosos de verano teníamos una piscina en el jardín, placer sin fin para los niños. Teníamos cuatro enfermeras y una cocinera con ayudantes voluntarias del Lyceum, todas bajo la dirección de Consuelo Bastos, esposa y alter ego de uno de los más prominentes médicos de Madrid. La guardería infantil fue idea de ella y gracias a su generosa mano desaparecieron todos los déficits de nuestro presupuesto.

Se admitían los niños a esta casa según la necesidad. Había siempre un montón de solicitudes de padres, parientes, guardianes u otras asociaciones filantrópicas pidiendo admisión para los niños necesitados. Miembros del Departamento Social del Lyceum investigaban todos los casos. El lugar en la lista de espera no correspondía a un orden cronológico, sino a la necesidad imperiosa del caso en cuestión. Algunos de los niños vivían tan mal alimentados que solían inclinarse contra la pared para evitar el cansancio de mantener la cabeza enhiesta sobre los hombros. En pocas semanas se convertían en chicos saludables. Las comidas eran sencillas pero abundantes; la ropa que llevaban estando en la institución eran pocas, pero compatibles con la decencia de la época. Claro que para el invierno teníamos ropa adecuada.

Tuvo tanto éxito nuestro experimento que la ciudad iba a construir otros hogares como el nuestro. Se esperaba que las capitales de las provincias siguieran el ejemplo (Barcelona y Bilbao tenían sus propias buenas instituciones) y que pronto habría una red de guarderías oficiales para niños por todo el país. Por desgracia la guerra lo interrumpió todo […]».

Zenobia Camprubí de Jiménez, (1936)

 

Mi atardecer entre dos mundos

«[…]En aquella Academia, y por circunstancias complejas entre las que, en primer lugar, figuraban sus muchos méritos, ocupaba Mercedes un sillón de número. Es decir, que había sido elegida académica. Por entonces, y aún ahora, sólo había una mujer en las Reales Academias como académico de número: Mercedes Gaibrois de Ballesteros. ¿Cómo los hombres, tan diligentes ellos, sobre todo por aquellos tiempos, para ofrecer cualquier tipo de asiento a una mujer se mostraban y siguen mostrándose tan reacios a ofrecerles este tipo de sillón? ¿Qué vientecillo de concordia sopló por entonces sobre la mente de los inmortales para hacerles cambiar así de rumbo? Mercedes Gaibrois tenía una obra histórica importante, un Sancho IV de Castilla y una biografía de María de Molina en la que estudiaba a la reina y a la mujer. Además, hizo algunos estudios parciales, como el dedicado a dos infantas de Aragón, Doña Constanza y Doña Sancha.

Y, ahora, un nuevo retroceso.

Situémonos en el año 1932. Antonio Ballesteros es académico de la Real Academia de la Historia. Con la República se respira un ambiente de liberación de la mujer. Mercedes Gaibrois — ¡milagro!— es elegida académico de número. Hasta febrero de 1935 no lee su discurso. Le contesta don Elías Tormo. En él alude a la “novedad revolucionaria” que consiste en esta discreta infiltración mediante la cual una mujer asiste, los viernes de cada semana, a las sesiones de la Real Academia de la Historia como un “inmortal” más entre los inmortales. Su gesto tiene algo del perrillo faldero que salta indebidamente a la butaca de su amo para acomodarse confortablemente en ella. Ahora, pasados ya más de cuarenta años, el río remonta su corriente y — ¡oh, prodigio!— discurre en dirección contraria al curso de la historia… Precisamente allí donde la historia es la razón de ser de tan ilustre y respetable entidad. No hace mucho, en la década de los setenta, una historiadora dignísima, autora de una obra importante — Aurea de Javierre— ha sido rechazada en votación. ¡Dios mío!, ¿es posible que en los años setenta aún siga vigente, hasta tal punto, la guerra de los sexos, esa guerra que, según Eugenio d’Ors, estaba cancelada para siempre?[…]»

 

María Laffitte, Condesa de Campo Alange (1983)

 

Cartas a las mujeres de España

Carta número XIX: Para las que nunca se divierten

«[…] Fundad vosotras, mujeres de la clase media, clubs, o si la palabra os asusta, «reuniones», no ya de sufragio, no ya siquiera de cultura, sino sencillamente de «distracción». (Lo demás vendrá por añadidura). Lo esencial es que tengáis un lugar «vuestro» que no sea la casa, que no sea el taller, o la oficina, o la escuela, o la tienda; un salón limpio donde podáis olvidaros una hora al día de la obligación, hablando unas con otras, leyendo periódicos o libros, según vuestra afición; haciendo algo de música, seria o ligera, según vuestra cultura y vuestro estado de ánimo; bailando, si os parece […] donde podáis, como los hombres, permitiros el lujo de una taza de café… y muchísima conversación, de un asiento cómodo, de recibir las visitas de amigas, que tal vez en casa molestan al marido un poco egoísta, a la madre cansada y ansiosa de silencio, al padre achacoso o malhumorado.

Clubs de veinte, de doce asociadas; el caso es empezar; una cuota mensual para alquilar un piso modesto, […] para pagar el abono a una librería circulante, a unas cuantas revistas y periódicos, de modas, si queréis, o de feminismo, o de economía doméstica, o, sencillamente, de literatura; para poder tomar dos palcos altos en un teatro, siquiera una o dos veces al mes, para una buena comedia, para un concierto, para organizar también, una o dos veces al mes, una excursión al campo en día de fiesta… En resumen, un rincón vuestro, vuestro, lo repito, donde las muy preocupadas puedan hablar en paz de los problemas comunes, donde las muy jóvenes podáis reír sin molestar a las personas demasiado cansadas de la vida para comprender la risa, ya para ellas sin sentido, de los veinte años; un hogar del espíritu, desde donde poder salir en grupo para escuchar una conferencia o asistir a una clase nocturna, que hablen de cosas muy distintas de vuestra obligación diaria, o para pasear simplemente a la luz de la luna. […]».

 

María de la O Lejárraga García (1915)

 

El voto femenino y yo: mi pecado mortal

«[…]1° de octubre de 1931. Día del histerismo masculino.

 

Señores diputados: lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, Srta. Kent; comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer (Rumores.); al verse en el trance de negar, como ha negado, la capacidad inicial de la mujer. (Continúan los rumores.) […]

¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no se está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren estas como las otras las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? […] ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural, el derecho fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis cómo ese poder no podéis seguir detentándolo. […]

El Sr. Presidente: Ruego a la Cámara que guarde silencio.

La Srta. Campoamor: Yo ruego a la Cámara que me escuche en silencio; no es con agresiones y no es con ironías como vais a vencer mi fortaleza; la única cosa que yo tengo aquí ante vosotros, señores diputados, que merezca la consideración, y acaso la emulación, es precisamente el defender un derecho a que me obliga mi naturaleza y mi fe con tesón y con firmeza […].»

 

Campoamor, Clara (1935)

 

Guiomar: antología poética

 

Me llamaban rara

«Cuando yo era niña —niña ya crecida—

me llamaban rara,

porque con las otras niñas, mis amigas,

apenas jugaba:

y en las primaveras y días de estío,

todas las mañanas

salía a los campos, y las flores frescas

que a mi paso había,

cortaba;

y luego con ellas formando un manojo

huía, callada,

y en un rinconcito, junto a un claro arroyo

de corriente mansa,

tendida a la sombra

de olorosa acacia,

las horas felices

para mí pasaban;

y las otras niñas, que no comprendían

tan puro deleite, llamábanme rara.

 

Cuando algunas veces jugando con ellas,

una transparente mariposa blanca

pasaba a mi lado, tras ella se me iban

los ojos y el alma,

y al verla alejarse

sentíame llena de tristeza vaga,

mientras mis amigas reían… reían..

viendo en mis pupilas temblar una lágrima;

y formando un corro cantábanme coplas

llamándome rara.

 

Cuando por las tardes

al sentir la tierra la caricia blanda

del sol, que al ponerse

se acerca a besarla,

iban mis pupilas por el horizonte

siguiéndole, ávidas,

a ignotas regiones

etéreas, lejanas…

y mirando, mirando al ocaso,

despierta, soñaba…

 

Cuando en las iglesias

con ellas entraba

y en vez de rezar “Padrenuestros” y “Salves”

como quien recita lección rutinaria,

decía a la Virgen términos que nunca

aprendí en escuelas ni en libros; plegarias

que sólo salían del corazón mío,

espontáneas

y eran mis amores,

mis duelos, ¡mis ansias!

ellas por lo bajo juzgándome impía,

llamábanme rara.

 

No eran solamente las niñas aquellas

las que de tal modo me calificaban;

personas mayores,

personas sensatas

también repetían

la misma palabra;

porque pocas veces mis labios reían

sus gracias, sin gracia;

porque no entendía de afeites y modas,

ni pasaba el tiempo cambiándome galas;

 

porque huía, ansiosa, del mundo que grita

y a los ruidos bruscos de calles y plazas

prefería siempre los ruidos del campo,

que armoniosos hablaban…

Porque un día vieron en mi mano un lápiz

y una hojita blanca

de papel, y en ella,

nerviosa, trazaba

unos versos breves, que luego leía

temblando, en voz baja…

Y niños y grandes

llamábanme rara.

 

Ellos no veían,

ellos no pensaban

que en las vidas nuestras donde nada queda,

donde todo pasa,

no hay más rayo puro de sol que no muere

que aquel que llevamos oculto en el alma;

llamita muy tenue

que al más leve soplo de viento se apaga,

y yo desde niña,

quería en el pliegue más hondo y más blanco

guardarla…

 

Si en aquellos tiempos, cuando yo era niña,

así me llamaban,

ahora que aquel rayo de sol es tan grande,

tan grande… tan grande… que es toda mi alma

¡qué dirían de mí los que entonces

llamábanme rara!»

 

Pilar de Valderrama (1928)

 

 

 

Enlaces:

https://www.bne.es/es/dia-escritoras/presentacion

https://clasicasymodernas.org/el-xi-dia-de-las-escritoras-19-de-octubre-rendira-homenaje-al-lyceum-club-femenino-y-reivindicara-la-amistad-entre-mujeres-como-espacio-de-libertad/

 

 

©2026 | Diseño: Tema de WordPress Newspaperly